Camarada Laika

29/10/2021
Maria Sanchez Directora

En el caso de la perrita Laika, ellos sabían perfectamente que no volvería con vida y que el experimento solo consistía en constatar cuánto tiempo un ser vivo podría resistir allá dentro.
Recordamos a Laika en nuestra sección en el diario HoraNova.

 

Artículo publicado originalmente en nuestra sección semanal en el diario HORANOVA 
 
"Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo que sucedió. No, lo tendríamos que haber hecho. Lo que se aprendió con aquella misión no justificó la muerte de la perra". Oleg Gazenko, un científico que participó en la misión, hacía estas declaraciones cuando se le pregunta por el envío de la perra Laika al espacio, el 3 de noviembre del año 1957.

El experimento fue un éxito, decían los soviéticos. En su carrera contra los Estados Unidos por conquistar el espacio también se anotaron otro punto en el  marcador cuando el 1961, el astronauta Yuri Gagarin resultó ser el primer ser humano en viajar al espacio, pero eso sí, asegurándose su vuelta.

En el caso de la perrita Laika, a pesar de que la versión oficial afirmaba que estaría unos días en órbita y volvería sana y salva y que sería tratada como una heroína nacional, ellos ya sabían perfectamente que no volvería con vida y que el experimento solo consistía al constatar cuánto tiempo podía un ser vivo resistir allá dentro. "Evidentemente, todos sabíamos que moriría a causa de la carencia de medios para recuperarla" afirmó el Adilia Kotovskaya, bióloga que en la época ayudaba a entrenar los animales para las misiones al espacio.

Las causas de su muerte no se hicieron públicas hasta el año 2002. Una vez que el Sputnik 2 se elevó, el rítmo cardíaco de la Laika aumentó hasta tres veces lo que sería normal a pesar de que después se normalizó. Lo peor estaba para llegar; al cabo de unas pocas horas la nave se calentó por culpa de un problema con el sistema térmico y como consecuencia Laika murió por sobrecalentamiento, deshidratación y el estrés que sufrió, provocándole un paro cardiaco. Una muerte terrible y angustiosa.

La perrita Laika, de tres años de edad y seis kilos de peso, había sido recogida en las calles de Moscú y pagó con su vida el hecho de haber sido extremadamente dócil y simpática con los humanos. Seguramente si le pudiéramos preguntar si le pareció bien su obligada aportación a la ciencia nos diría que mejor hubiera escogido encontrar una buena familia que la quisiera, la cuidara y poder haber vivido los últimos años de su vida de forma amable, lejos del maltrato y del dolor, que de ésto ya tuvo más que suficiente en las calles rusas.

No, esta perrita que poco antes de ser enviada al espacio, pasó una noche en casa de unos de los científicos, jugando con sus hijos como “deseo de última voluntad”, no tuvo suerte, como no la tienen ninguno de los millones de animales que en el nombre de la ciencia se sacrifican cada año. Lo que les hacemos a los animales no tiene nombre ni perdón.
R.I.P. Laika